9 de diciembre de 2014
Señores
Dr.
Alejandro Ordoñez, Procurador General de la Nación
Dr. Nestor
Humberto Martínez, Ministro de la Presidencia
Dr. José
David Name, Presidente del Senado de la República
Buenos
días.
Señor Procurador, muchas gracias por abrirnos la puerta de
esta sede del Poder Moral de la Nación – para usar la expresión utilizada por
el Libertador en el Discurso de Angostura de 1821 – en el cual se perfilaba ya
la imperiosa necesidad de contar con un órgano independiente que velara por la
ética pública y el buen gobierno.
Doctor Ordoñez, señor Ministro, señor Presidente del
Congreso, demás asistentes, les pido la licencia de permitirme convertir mi
intervención en una disquisición filosófica y ética más que en una presentación
de avances de logros de la Secretaría de Transparencia.
Esos avances los podrán encontrar en este Informe Anual de
Logros y Retos que desde la Secretaría hoy sacamos a la luz pública, en el que
explicamos a detalle los avances en el proceso de implementación de la Política
Pública Integral Anticorrupción.
Pero hoy prefiero – con esta primera intervención – mostrarle
al país cuál es mi visión sobre el delicado asunto que nos ocupa, y plantear además,
cuál es el rumbo hacia el cual pienso que debemos avanzar para llegar a buen
puerto.
En la muy famosa República de Platón, escrita en el siglo V
antes de Cristo, una de las piedras angulares de la ciencia política de la
antigüedad, que por siglos irradió su luz sobre todo el pensamiento occidental
y sobre toda la tradición cristiana, desde San Agustín de Hipona y llegando
hasta Santo Tomás, Glaucón, uno de los sujetos deliberantes de ese famoso
diálogo, hermano de Platón – por demás – afirma que las personas son, por
naturaleza, injustas.
Sólo son justas – nos dice – por miedo al castigo, no por
convicción. Y para sustentar su argumento narra la Fábula del Anillo de Giges,
la cual siglos después inspiraría al escritor británico John Ronald Tolkien a
escribir el Señor de los Anillos.
Según Glaucón, Giges es un campesino iletrado, que después de
una tormenta y un terremoto feroz, encontró en el fondo de un abismo un caballo
hecho de bronce. Ese caballo contenía en su interior un cuerpo sin vida, cuya única
pertenencia era un anillo de oro.
Giges descubrió que el anillo le concedía a su dueño el poder
de la invisibilidad. Sacando provecho del poder del anillo, Giges lo usó para
enamorar a la reina y después, con su auxilio, matar al rey, apoderándose así
de su reino.
Gracias al anillo, Giges hacía el mal e incrementaba su
poder, se alzaba como un tirano y un corrupto, mientras que pasaba por hombre
bueno frente a sus súbditos.
Esta fábula nos enseña tres cosas: primero, que es
necesario que nadie quede por fuera del alcance de la ley; de su vigilancia y
cumplimiento. De lo contrario, al igual que en la fábula de Giges – que con su
anillo tiene el don de escapar al alcance de la ley –, es fácil que termine por
reinar la tiranía, la corrupción y el crimen.
Segundo, nos enseña también que el imperio de la ley no basta
por sí solo, porque a veces – sin sospecharlo – las conductas o circunstancias
que ella regula permiten que el ciudadano logre escapar a su alcance. Y
entonces sólo queda como última barrera frente al mal, la perversión, la
corrupción y los apetitos humanos más mezquinos, la propia consciencia.
Frente a los vacíos de la ley, sólo queda la esperanza de que
el espíritu y el carácter de los ciudadanos sea recto, honorable, limpio…
iluminado por las reglas del imperativo categórico y de la razón universal.
Tercero, nos enseña que el mejor antídoto contra la
corrupción es la visibilidad, la transparencia. Durante siglos la humanidad ha
visto reinar a dictadores que, como Giges, ocultan información, camuflan la
realidad, gobiernan desde la penumbra, sin rendir cuentas al pueblo, sin
explicar en qué gastan el dinero de las arcas del Estado, que se roban todo, o
mucho, en detrimento de los intereses de la mayoría.
Analizando estas tres lecciones, diré entonces, que la
justicia y la civilización no pueden existir en un lugar en el que un ciudadano
escapa a la mano de la ley y en donde – por ese hecho – reinan la tiranía y la
corrupción.
Por eso, ante todo, derrotar la corrupción exige que el
Estado haga respetar el ordenamiento jurídico existente, pero también – y sobre
todo – exige transformar la conciencia de los ciudadanos; exige hacer los
mayores esfuerzos para hacerles entender que la corrupción es la podredumbre, la
corrupción es lo que está podrido, es lo más degradado de la existencia social.
Pero el respeto por la ley no viene sólo. Requiere por un
lado garantizar que la justicia funciona; que no cojea y que siempre llega. Y por
el otro, requiere construir una arquitectura institucional que haga del
servicio público un trabajo perfectamente visible a la luz de todos.
La transparencia se convierte así en el alimento del cual se nutren
los cimientos del edificio social. Sin ella, el organismo pronto se contamina,
se envenena y muere.
Con ella, - con la transparencia como principio rector -, el
organismo crece vigoroso, fuerte y dinámico; sano. Con ella, todo está a la luz
de todos; crece la confianza; el buen entendimiento y la solidaridad ciudadana.
Con ella, además, lentamente va transformándose la conciencia
social… Con ella empiezan a reducirse en número y en fuerza aquellos que creen
en la corrupción como método válido para enriquecerse.
Quienes tienen ese credo no son más agudos, no son más
inteligentes, no son más hábiles; esas personas en realidad se consideran a
si mismas seres muy inferiores en términos de civilización… a veces sin
darse cuenta.
En conclusión, la garantía del imperio de la ley para todos
los ciudadanos, la transparencia plena en el manejo de la cosa pública y la
transformación de la consciencia ciudadana, se constituyen en los objetivos
principales y comunes alrededor de los cuales deben girar el esfuerzo del
Estado y de la sociedad civil por construir una sociedad libre de corrupción y
de abusos.
Y así es como, la Secretaría de Transparencia ha venido
trabajando en la búsqueda de esos objetivos. Por sólo poner algunos ejemplos:
·
Impulsamos la adopción del Conpes Anticorrupción 167
de 2013;
·
Logramos la expedición de la Ley de Transparencia,
construida en equipo y con el liderazgo de la sociedad civil;
·
Creamos, de la mano de la Procuraduría el Índice de
Gobierno Abierto, con el cual estamos midiendo los avances de transparencia de
todas las entidades territoriales;
·
Lanzamos el Observatorio de Transparencia, para medir
de cara al país, los avances en la implementación de la Política Pública
Integral Anticorrupción;
·
Fortalecimos, bajo el liderazgo del Departamento
Administrativo de la Función Pública, el nivel y calidad de los Jefes de las
Oficinas de Control Interno, a quienes esta semana estaremos evaluando;
·
Llevamos al Congreso el Proyecto de Ley por el cual
cumplimos con los estándares exigidos por la Convención Antisoborno de la OECD;
·
Capacitamos cientos de Fiscales sobre el alcance de
esa Convención;
·
Nos vinculamos a la Red de Transparencia y Acceso a la
Información, a la cual recientemente se vinculó la Procuraduría, con quien tuve
el honor y el privilegio de compartir unas intensas jornadas de trabajo en
Brasilia hace algunas semanas;
·
Iniciamos el proceso de admisión a la OECD, en donde
estamos esta semana presentando nuestros avances ante el Grupo de Trabajo
Antisoborno; y
·
Empezamos la construcción del Plan de Acción de la
Segunda Fase de Trabajo con la Alianza para el Gobierno Abierto, una red de 64
países que colaboran para cumplir los más altos estándares en materia de
transparencia y prevención de la corrupción.
Pero nuestro trabajo no se queda ahí. Ahora debemos enfrentar
nuevos desafíos que hasta ahora no habíamos asumido y que yo quisiera que
fueran los ejes rectores del trabajo de la Secretaría de Transparencia durante
los próximos años.
El primer gran desafío
tiene relación con la transparencia de los Partidos Políticos. Andrew Jackson,
uno de los padres de la nación estadounidense dijo en una ocasión:
“Lloro por la libertad de mi país cuando veo, en estos
primeros días de su existencia exitosa, que se han imputado – numerosos – actos
de corrupción a varios miembros de la Cámara de Representantes…”
Nuestro Congreso y nuestros partidos deben renovar sus votos
con el país. Pocas instituciones están
tan desprestigiadas en nuestros días.
Por eso le pido hoy al Presidente del Senado, muy
especialmente, que nos ayude a liderar una gran cruzada por la transparencia de
los Partidos Políticos.
El país demanda saber de dónde vienen sus recursos, quiénes
los financian, a qué candidatos los partidos les dan dinero, recursos o apoyo
del cualquier tipo, directo o indirecto, para sus campañas políticas; a
quiénes, a qué líderes, los candidatos les dan recursos para hacer proselitismo
político; cómo se aseguran de que no haya compra de votos.
El país quiere saber por qué un partido apoya más a unos
candidatos que a otros; quiere saber si tienen Planes Integrales para la
Prevención de la Corrupción; quiere saber si tienen un Sistema de Prevención de
Riesgo de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo; quiere saber cuántos
recursos destinan a sus centros de pensamiento y si están cumplimiento con el
mandato de la ley que los obliga a darles el 15% para actividades de formación
y capacitación; el país quiere saber si están respetando la Ley de Protección
de Datos Personales y su obligación de rendir cuentas a la ciudadanía.
En fin, tenemos mucho por hacer en este frente. Por eso
invito hoy a los partidos, por conducto del Presidente del Senado, a estudiar y
cumplir sus obligaciones bajo la Ley de Transparencia.
El Congreso y nuestros partidos, que deberían encarnar la
voluntad general, más que nadie tendrían que dar ejemplo en esta cruzada por
la transparencia que, con la Procuraduría y la Contraloría hemos venido
liderando hace varios años.
El segundo gran
desafío tiene relación con el fortalecimiento de la sociedad civil. La
ciudadanía organizada y activa, es la consciencia viva del cuerpo social.
Su rol en la promoción de la transparencia y la lucha contra
la corrupción reviste la mayor trascendencia. Pero necesitamos fortalecerla y
actuar más estrechamente.
Así como en las regiones debemos activar, visitar y promover
las Comisiones Regionales de Moralización, tal como el próximo 18 de diciembre estaremos
haciendo en una primera visita a la Comisión Regional de Córdoba, en conjunto
con el Ministro de la Presidencia, la sociedad civil organizada y la Comisión
Ciudadana de Lucha contra la Corrupción deberían ayudarnos a activar Comisiones
Regionales Ciudadanas que se erijan en contrapeso e interlocutores de las
Comisiones Regionales de Moralización.
Esas Comisiones Regionales Ciudadanas pueden ayudar a elevar
el nivel de la vigilancia, denuncia y activismo propositivo de las veedurías en
las regiones, y pueden consolidar una arquitectura institucional óptima para
mejorar la interlocución entre el sector público y privado en este propósito
común.
El tercer desafío
tiene relación con la construcción de una agenda de trabajo con enfoque
territorial y sectorial. El enfoque territorial debe estar orientado a promover
la transparencia y prevenir la corrupción, en las zonas de consolidación o de
extrema pobreza, especialmente en el contexto de la negociación de paz y del
postconflicto.
Nunca había sido tan urgente evitar la pérdida de los
recursos del Estado destinados a los más desfavorecidos de la sociedad.
El enfoque sectorial, por su parte, debe estar orientado a
blindar de la corrupción a los recursos de ciertos sectores neurálgicos para el
buen desarrollo del país. Así, nos hemos propuesto extirpar el cáncer de la
corrupción del ICBF.
Nos hemos propuesto extirpar el cáncer de la corrupción de la
educación.
Nos hemos propuesto extirpar el cáncer de la corrupción de la
industria extractiva.
Nos hemos propuesto extirpar el cáncer de la corrupción del
sector de la salud. ¡Y lo haremos!
¡No vamos a permitir que se pierdan los recursos de la niñez!
¡No vamos a permitir que se pierdan los recursos de la
educación o de la salud!
¡No vamos a permitir que se pierdan las regalías de los
colombianos, ni que se trafique con las consciencias de nuestros funcionarios
públicos, ni que se desprestigie el muy honorable papel que ellos cumplen en la
sociedad, por cuenta de unos cuantos corruptos!
Y acá una advertencia, a los políticos que están involucrados
con el desfalco del Estado, del ICBF, del SENA, del sistema de salud, les
decimos que no escaparán a la lupa del Estado y de la vigilancia renovada y
conjunta de la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía y la Presidencia.
¡Yo empeño mi palabra en que antes de terminar este año el
país entero podrá constatar la seriedad con que hemos asumido estos
compromisos!
Para terminar, en su metafísica de las costumbres, Kant usaba
la frase, “el cielo estrellado sobre mí, la moral dentro de mí”, para explicar
la diferencia entre el mundo fenomenológico y el mundo de la razón, esa razón
que dicta los imperativos categóricos del ser moral, y que es, en la práctica,
el mejor antídoto contra el mal.
Su frase brilla aún en el firmamento de la consciencia
humana. Hagamos que desde la altura de la historia y la filosofía, y desde la
luz del futuro, nuestros ancestros y nuestros maestros – de una parte – y
nuestros descendientes – de la otra – se sientan orgullos de este pueblo
colombiano, que logró elevar su espíritu y liberarse del yugo de la corrupción.
Gracias.
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