domingo, 22 de febrero de 2015

Instalación de Red de Veedurías Universitarias

En: Auditorio de la Escuela Superior de Administración Pública
Fecha: 17 de febrero de 2015

Todos los filósofos, todos los teóricos de la política y todos los grandes hombres de Estado, desde la antigüedad y hasta nuestros días, siempre le han dado gran importancia a la educación. Esos pensadores, esos hombres de Estado, esos líderes, siempre han tenido clara la importancia que tiene la educación para el proceso de conformación de las sociedades. Uno puede encontrar reflexiones sobre la educación en La República de Platón, en las obras de Boecio, San Agustín, Averroes, Gramsci, Marx y Althusser. También en las de los utopistas como Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam y Campanella. Todos ellos coinciden en que la educación, la academia y la ciencia definen en gran medida la forma en que las sociedades evolucionan y se gobiernan.

La educación y la ciencia están en el corazón del proceso de construcción de buenos gobiernos y de políticas públicas responsables. Todos los que estamos acá presentes muy seguramente consideramos que gobernar sin la ciencia y el conocimiento, es imposible. Hacerlo es como dirigir una nave sin brújula, sin mapa, sin saber de dónde vienen los vientos ni hacia dónde van. Gobernar sin ciencia, educación y conocimiento es conducir al navío hacia el naufragio.

Gobernar es un oficio, un arte si se quiere, que va directamente atado a la idea de dirigir los destinos del país y de nuestros conciudadanos hacia un mayor bienestar, poniendo siempre en el centro de la agenda la primacía del interés general sobre el particular.

Gobernar para sí mismo es lo que Platón y Aristóteles llamaban tiranía; o si gobernaban pocos y en beneficio propio, oligarquía. Y si gobernaban muchos, demagogia. Esas palabras, que hoy han perdido su significado, resuenan en la conciencia colectiva cada vez que un funcionario corrupto abusa de su cargo para obtener una utilidad. Fraude, robo, corrupción, tiranía, oligarquía, demagogia, son actos y conceptos que encierran los gérmenes del odio y de la violencia.

El drama histórico de este país ha estado determinado, en gran medida, por el problema de la corrupción. Nada desprecian más los seres humanos que ser robados, que sentirse estafados en su buena fe, que sentir que las personas que están en los cargos públicos con la misión de asegurar el desarrollo del buen gobierno, los defrauden.

Así, defraudados, se sienten nuestros compatriotas cada vez que estalla un escándalo de corrupción; cada vez que pasan por el puente de la 26 y ven que todavía no se ha terminado; cada vez que un cartel de funcionarios o empresarios corruptos se quedan con los recursos de la salud.

Gobernar bien es, en una medida importante, prevenir la corrupción y castigarla, con el concurso de la rama judicial y los órganos de control, cuando ocurre. Pero acá vienen, entonces, una serie de preguntas:

¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Estamos haciendo lo que se necesita para prevenir la corrupción? ¿Están sirviendo para algo las normas que expedimos? ¿Los Conpes y demás documentos de política pública que aprobamos están teniendo impacto? ¿Están sirviendo las guías de contratación que expedimos? ¿O la teoría según la cual debemos perseguir al ‘pez gordo’ y no al chico, funciona bien? ¿Realmente estamos capturando a los ‘peces gordos’? ¿Y qué tan duros estamos siendo con ellos cuando los capturamos?

De otra parte, la política criminal orientada hacia la prevención general, ¿está sirviendo de algo? O sus presuntos éxitos, ¿sólo existen en la obra voluminosa de Roxín? ¿Es verdad que la sanción penal sirve como confirmación de la validez de la norma frente a la infracción de la misma por parte del delincuente? ¿O esa idea sólo existe en las obras de Hegel y de Jakobs?

Más aún, teniendo en cuenta los últimos avances de la neurociencia, ¿es posible concluir científicamente que podemos luchar contra la corrupción? ¿O estamos condenados a sufrirla? ¿Las conclusiones del cerebro no nos indican, acaso, que estamos determinados plenamente por nuestros impulsos cerebrales y nuestros neurotransmisores? ¿Y qué tienen para decir la criminología, la sociología, la equística, la economía y la administración pública, entre otras ciencias sociales, sobre cómo combatir la corrupción?

En la Presidencia de la República, en la Secretaría de Transparencia estamos haciendo lo mejor que podemos, se los aseguro. Pero necesitamos el apoyo de ustedes. Necesitamos el conocimiento. Necesitamos que las universidades se comprometan con este proyecto. Necesitamos que produzcan conocimiento útil al sector público y, en particular, a la lucha contra la corrupción. No nos sirven las tesis de grado enterradas en las bibliotecas de las universidades. Necesitamos tesis de grado útiles al país.

Si no tenemos respuestas a tales preguntas, la capacidad que tenemos los hacedores de política pública para tomar las decisiones correctas seguirá siendo muy limitada. Necesitamos ciencia y educación. Necesitamos la evidencia científica para poder hacer cada día mejor nuestro trabajo.

En este punto, quiero expresar un agradecimiento muy especial a la Comisión Regional de Moralización de Cundinamarca; ustedes han hecho un trabajo extraordinario al liderar esta iniciativa. Gracias al procurador provincial y presidente de la Comisión, John Arévalo; al procurador provincial, Juan Carlos Ocampo, y a todos los demás miembros que integran este órgano que promueve la transparencia en el departamento.

Un saludo especial también a la Escuela Administrativa de Administración Pública – ESAP; a Jhymy Castillo, quien está a cargo del curso “Administración pública y control social a la gestión pública” que, creemos, va a marcar una tendencia positiva en cátedras que trasciendan y tengan utilidad para el país. Agradezco también a la doctora Martha Cipagauta, subdirectora de alto gobierno de la ESAP, quien también se comprometió con esta iniciativa y abrió la posibilidad de que el curso gratuito para los estudiantes postulados por las universidades, sea una realidad.

Además, quiero dar un agradecimiento a todo el equipo de la Secretaría de Transparencia que ha estado trabajando en este proyecto; y a la Procuraduría General de la Nación, que se ha comprometido decididamente con la construcción del Observatorio de Transparencia y Anticorrupción al interior de la Secretaría de Transparencia, el cual creo que se ha convertido en el radar más importante que tenemos para verificar qué tan bien o mal vamos en este proceso de lucha contra la corrupción y promoción de la transparencia.

En este proyecto de conformación de una Red de Veedurías Universitarias que han conocido hoy, la Secretaría de Transparencia va a ejercer un rol de acompañamiento; daremos línea a los semilleros de investigación y a las veedurías. Además, nos comprometemos a que los resultados de los trabajos realizados sean presentados en las audiencias de la Comisión Regional de Moralización y a darles difusión desde el Observatorio de Transparencia y Anticorrupción. También queremos que esta iniciativa, que arranca en Cundinamarca, pueda ser llevada a otros departamentos del país.

Creemos que los aportes de todos los que han venido liderando este proyecto, darán frutos que nuestras familias y todos nuestros conciudadanos sin distingo de raza, religión o clase social, van a poder disfrutar. Y con ello, estarán haciendo una contribución para construir un país bien dirigido, pacífico y equitativo.

Antonio Gramsci decía: “el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Colombia está intentando superar la historia de violencia y de odio que la ha caracterizado. Está intentando enterrar ese viejo mundo. También intenta, simultáneamente, descubrir y construir un nuevo mundo.

En el claroscuro en el que nos encontramos por estos días, no podemos permitir que la delincuencia común, que la delincuencia de cuello blanco y la corrupción en todas sus formas, sean los monstruos que nos impidan conquistar los sueños dorados de la paz, la democracia y el buen gobierno.

El papel de todos ustedes en esta fase de nuestra historia es determinante. Por eso, hacemos un llamado a que adquieran conciencia del lugar histórico en el que nos encontramos y a la posición que deben asumir en esta coyuntura. Estamos seguros de que esta alianza será la semilla del árbol de la transparencia y del buen gobierno, y sus ramas serán el abrigo bajo el cual florecerá un mejor país con ciudadanos honestos y responsables, y con gobernantes íntegros y en capaces.


Muchas gracias.

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